¿Qué es la epigenética?

Pía Qvarnström • 1 de agosto de 2026

¿Qué es la epigenética?

La epigenética estudia mecanismos capaces de regular la actividad de nuestros genes sin modificar la secuencia del ADN.


Podríamos imaginar al ADN como un gran libro de instrucciones. La información está escrita, pero no necesariamente todas las páginas se leen al mismo tiempo ni con la misma intensidad.


Los mecanismos epigenéticos participan, justamente, en decidir qué genes se expresan, cuándo y en qué medida.


Entre los mecanismos más estudiados se encuentran la metilación del ADN, las modificaciones de las histonas y distintos ARN no codificantes.


Esto no significa que podamos “encender” o “apagar” nuestros genes a voluntad. La regulación genética es muchísimo más compleja y depende de múltiples factores. Pero sí sabemos que existe una interacción permanente entre genética, ambiente y estilo de vida.

¿Qué tiene que ver la nutrición?

Mucho.


Los nutrientes no solamente aportan energía y materiales para construir y reparar tejidos. Algunos nutrientes y compuestos presentes en los alimentos también participan en vías metabólicas relacionadas con mecanismos epigenéticos.


Por ejemplo, nutrientes como el folato, la vitamina B12, la colina y otros compuestos vinculados al metabolismo de un carbono intervienen en procesos relacionados con la metilación del ADN.


Pero sería un error pensar que existe un alimento capaz de “modificar nuestros genes” o una dieta epigenética milagrosa.


La epigenética no funciona así.

¿Cómo funciona la epigenética?

Lo interesante no está en buscar un alimento aislado, sino en comprender cómo el patrón alimentario, el estado nutricional y el ambiente metabólico pueden interactuar con nuestra biología a lo largo del tiempo.


Nuestros hábitos también forman parte del ambiente


Cuando hablamos de ambiente no hablamos solamente de contaminación, sustancias químicas o factores externos.


Nuestro organismo también recibe información de nuestros hábitos cotidianos.


La actividad física, el descanso, los ritmos circadianos, el estrés, el tabaquismo, el consumo de alcohol y la alimentación son algunas de las exposiciones que se han estudiado en relación con cambios epigenéticos.


Esto nos permite pensar la salud desde una mirada mucho más integral.


No somos solamente nuestros genes.


Pero tampoco podemos decir que nuestros hábitos determinen completamente cómo se expresarán.


Somos el resultado de una interacción dinámica entre genética, ambiente, experiencias y tiempo.

Una historia que comienza mucho antes

Uno de los aspectos más interesantes de la epigenética es que determinadas etapas de la vida parecen ser especialmente sensibles al ambiente.


La etapa preconcepcional, el embarazo, la vida fetal y los primeros años constituyen períodos de enorme crecimiento y desarrollo.


Durante estas ventanas, el organismo presenta una gran plasticidad y responde a las condiciones del entorno.


La nutrición materna, el estado metabólico, el estrés, determinadas exposiciones ambientales y otros factores pueden influir sobre procesos relacionados con el desarrollo y la regulación de la expresión génica.


Este concepto se vincula con el enfoque conocido como DOHaD (Developmental Origins of Health and Disease), que estudia cómo las condiciones durante las primeras etapas de la vida pueden relacionarse con la salud y el riesgo de enfermedad muchos años después.



¿Y esto puede pasar de una generación a otra?

Esta es probablemente una de las preguntas más fascinantes, pero también una de las que requiere mayor prudencia.


En modelos animales existe evidencia de que algunas modificaciones epigenéticas relacionadas con determinadas exposiciones pueden persistir entre generaciones.


En seres humanos, en cambio, demostrar una verdadera herencia epigenética transgeneracional es mucho más difícil.


Las generaciones comparten genes, pero también alimentación, condiciones sociales, hábitos, cultura y ambiente. Separar cada uno de estos factores no es sencillo.


Por eso, aunque existen investigaciones muy interesantes, todavía debemos ser cuidadosos antes de afirmar que nuestros hábitos actuales determinarán epigenéticamente la salud de nuestros nietos.


La ciencia avanza, pero todavía quedan muchas preguntas por responder.

Entonces, ¿podemos cambiar nuestro destino?

La epigenética no significa que podamos controlar nuestra genética.



Tampoco significa que una alimentación “perfecta” pueda evitar todas las enfermedades.


Lo que sí nos muestra es algo mucho más interesante: nuestro organismo no vive aislado de su entorno.


Existe una conversación permanente entre nuestra biología y las condiciones en las que vivimos.


Y muchas de esas condiciones son modificables.


Alimentarnos adecuadamente, mantenernos activos, respetar el descanso, cuidar nuestros ritmos biológicos, reducir exposiciones perjudiciales y aprender a manejar el estrés no son fórmulas mágicas.


Son maneras de construir un ambiente más favorable para nuestra salud.


Una mirada diferente sobre la nutrición


Quizás uno de los grandes aportes de la epigenética sea ayudarnos a ampliar la mirada.


Nutrirnos no es solamente contar calorías, proteínas, hidratos de carbono o grasas.


Es entender que la alimentación ocurre dentro de una historia, un ambiente, una familia y una determinada etapa de la vida.


Y que algunas de las condiciones que construimos hoy pueden tener importancia no solamente para nuestra salud presente, sino también para las etapas futuras de nuestra vida.


Por eso, cuando hablamos de prevención, cuanto antes podamos construir un entorno saludable, mejor.


No porque nuestros genes determinen nuestro destino ni porque podamos reescribirlos con nuestros hábitos, sino porque genética y ambiente están en diálogo permanente.


Y comprender ese diálogo nos permite pensar la nutrición desde un lugar mucho más amplio: no solamente como aquello que comemos, sino como parte del ambiente biológico que construimos todos los días.

Lic. Pía Qvarnström

Licenciada en Nutrición

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